El voto nos hace cómplices

Cada cuatro años se repite el ritual de las urnas.  Como parte integrante de esta unión de individuos que llamamos sociedad, debemos participar activamente en los actos que le dotan de sentido. Con esa idea de pertenencia a un grupo, debemos participar en unos comicios que a todos nos hacen iguales (puesto que todos tenemos la opción de elegir y todos los candidatos pueden salir electos por igual) para conseguir cambios cualitativos en nuestras condiciones de vida, para mejorar ciertos condicionantes o para virar 180 grados el rumbo que lleva la sociedad. Con esa idea de cambio, debemos ir a introducir un papel con una lista de nombres que han de tomar la dirección política. Debemos presentarnos con el pensamiento de que los partidos políticos actúan como benefactores de la sociedad, es decir, buscan su bien para todos en todo momento y actúan única y exclusivamente con esas miras.

Pero la realidad es completamente otra. Todos los mecanismos, todo el funcionamiento expuesto en las páginas anteriores sólo puede llevarnos a la certeza de que TODOS los partidos políticos sin excepción se mueven dentro de unos límites. Esos límites vendrían no sólo definidos por la legalidad que ellos mismos elaboran, sino por su disposición a no traspasar ciertas barreras que puedan alterar aunque sea mínimamente el orden establecido/actual, es decir, es orden del que disfrutan y se benefician.

Como partido elegido que ha accedido a las posiciones de Poder, disponen de todos los resortes políticos, de dirección económica y de coacción para llevar a cabo medidas en distintos sentidos que modifiquen las cosas, pero no hay vocación ninguna de cambiar nada. Cosa que, por otra parte, no debería sorprendernos. En primer lugar, supondría el fin de muchos beneficios personales (privilegios económicos y de posición e influencia); y segundo, la decisión de cambios en la vida de las personas, en la forma de vida en la que estamos inmersos diariamente, no es únicamente suya, puesto que el sistema económico mercantil en el que todos nos movemos y al que estamos todos sometidos, ejerce una poderosa influencia, y a ningún político se le pasaría por la cabeza la posibilidad de poner en entredicho las bondades que les proporciona este modelo de vida.

Por lo tanto, todos los partidos políticos del espectro institucional sin distinción ninguna, así como los que no tienen representación, llámense partidos obreros, verdes o populares, aceptan y se identifican con estas premisas básicas sin las cuales no podrían participar del negocio político. (¿hemos dicho negocio?…Queríamos decir de la vida política). La política tal cual funciona en la actualidad lleva su propia dinámica y atrapa a todo el que participa de ella.

Aún suponiendo que alguna coalición electoral autodenominada ‘anticapitalista’ o de otra manera actuara de buena fe, a parte de las trabas y dificultades que se encontrarían por el propio funcionamiento de las instituciones, compartiría con el resto de formaciones políticas  la necesidad de tomar decisiones en posiciones de poder, al margen del resto de la población, en vez de que la iniciativa en la toma de las decisiones fuera al contrario, es decir, se iniciara en la población misma. Por lo que partiendo de una actitud de superioridad similar a la del resto de los partidos, considera que las condiciones necesarias para crear otro tipo de funcionamiento distinto del actual se deben desarrollar desde el ejercicio del poder político y no desde la asociación de los individuos atendiendo a sus intereses y necesidades, porque si fuera al contrario, ¿quién les necesitaría?

Por otra parte, estamos viendo todos los días cómo la clase política se enfrasca en discusiones de patio de colegio como si les fuera la vida en ello, mientras que para puntos fundamentales en nuestras condiciones de vida ni siquiera tienen la delicadeza de consultarnos. Todo ello busca fundamentalmente no tocar el tema principal de debate: que aquí no hay una verdadera posibilidad de elección. Para que pudiera haber una elección debería poder elegirse entre cosas distintas, no entre las mismas. No se permite engendrar nuevas propuestas, sino únicamente elegir entre lo establecido. Además, si todos los partidos políticos aceptan un determinado esquema (que no tiene por qué satisfacer las necesidades de los individuos), si todos se mueven dentro de unos límites a los que ya hemos hecho referencia, si todos, en consecuencia, van a obrar de la misma manera, ¿qué más da elegir a unos o a otros? Un ejemplo claro, lo tenemos en los últimos treinta años. A pesar de que en los últimos viente, la política española ha estado canalizada por los dos grandes partidos, a nadie se le escapa que todas las políticas fundamentales desarrolladas en todos los ámbitos (laboral, económico, jurídico, penal, etc.) las ha llevado a cabo el PSOE, no suponiendo ninguna ruptura los ocho años de gobierno del PP, que lo único que hizo fue profundizar y ahondar en las medidas iniciadas por los gobiernos socialistas. Por lo que, reclamar de la gente el voto útil o votar al ‘menos malo’ resulta un poco cómico, ¿quién es el menos malo?

La realidad nos demuestra que hace ya tiempo que la facultad de decisión nos ha sido usurpada, ya que se nos trata y se nos considera como seres menores de edad, incapaces de tomar nuestras propias decisiones y resolver nuestros propios problemas. Hablar de usurpación en la toma de decisiones requiere mencionar dos factores. El primero, del que hemos estado hablando hasta el momento: la existencia de los elementos políticos que, desde una posición de vanguardia y una supuesta mayor preparación o disposición que el resto de la población, asumen el papel preponderante que todos deberíamos interpretar. El segundo, exige que la mayoría de la población delegue y acepte que las decisiones las debe tomar otra persona ajena a sí misma, ya sea por desconocimiento o por razones de ‘comodidad’. En eso consiste el juego electoral y democrático, en pensar que necesitamos la ayuda y la presencia de otros (que dicen encontrarse más preparados que los demás) para resolver los problemas que nos afectan. En efecto, a nadie se le deja elegir la organización y el funcionamiento de nada. Nadie nos permite plantearnos una organización diferente a lo establecido por los cauces que determinan las urnas: ni cómo funciona el reparto de funciones en una institución, cómo se organiza, ni siquiera cómo funciona nuestra asociación de vecinos, las relaciones en el trabajo o en la escuela o los propios roles con los amigos y compañeros. Te permiten que des tu aprobación al funcionamiento de las cosas mediante el voto, que delegues en un representante y, quizás sí, conseguir alguna mejora de carácter puntual que no modificará el fondo de la cuestión.

Esta delegación, en teoría, la realizamos de manera voluntaria: votamos para que alguien se ocupe de nuestros asuntos. Sin embargo, parece que el acto electoral se ha convertido más que en un acto voluntario, en un acto obligatorio. Gracias a los medios de comunicación –tan eficientes en su labor-, se nos expone machaconamente la importancia de seguir dando vida a nuestra democracia mediante la presencia en las urnas. ¿No se nos habla constantemente de responsabilidad y de no hacer dejación de nuestro derecho a votar?¿Por qué se apela a esta mal entendida responsabilidad? Igualmente se nos hace culpables de no haber elegido al partido de turno adecuado o de no haber acudido a votar, haciéndonos ver que ahí se acaban nuestras posibilidades de actuación y arrogándose la facultad de tomar las decisiones por nosotros sin derecho a queja.  ¿Por qué, en cambio, no se nos dice que nos informemos, que forjemos nuestra propia opinión y tomemos decisiones meditadas? Seamos, entonces sí, responsables. Y si no nos gusta la palabra responsable, puesto que supone votar y delegar según su definición, apelemos entonces a la irresponsabilidad.

Como bien decía la primera parte de este libelo, lo más parecido a una democracia, es aquella en la se produce una participación masiva de todas las personas. Pero para que esto tenga lugar, son necesarias unas condiciones materiales y de responsabilidad personal que no se desean fomentar, que se escapan a los actuales cauces y, además, son incompatibles con ellos. No abogamos por conseguir la figura de un político honrado (¿cómo será eso?), ni por la rehabilitación de la política parlamentaria sino por la consecución de individuos conscientes y responsables a la hora de encarar sus problemas, sus necesidades y tomar las decisiones correspondientes, evitando de esta manera la existencia de políticos profesionales. Entendemos que para ello, se debe dar un espacio sin jerarquías, sin nadie que tenga posiciones de privilegio ya sea informativo o resolutivo, en la que la opinión de todos y todas se tenga en consideración y se pueda debatir permanentemente sobre la organización y el funcionamiento de la vida en común.

Puesto que vivimos en sociedad, es necesario articular con la participación de todos, encuentros, asambleas u otras formas de organización donde cada uno exprese sus necesidades y sus aspiraciones y donde pueda llegarse a un consenso o a acuerdos.Estos acuerdos serían objeto de revisión y serían revocables en el momento en que se agoten los motivos por los que fueron establecidos. Expresarán en cada momento el sentir de un grupo de individuos que conviven juntos en un lugar concreto y en un momento determinado, y no como en la actualidad, donde la atomización general de las personas impide una convivencia real (y horizontal), llenándose ese espacio con políticas que se inmiscuyen en la esfera de lo privado y lo personal fomentando necesidades artificialmente creadas (consumismo, determinado tipo de ocio, extensión del consumo de drogas…). Para ello, es necesario que se de otro modelo de convivencia y de relaciones entre las personas que no esté mediatizado por un sistema mercantil que todo lo cosifica y lo valora en función de su rentabilidad en términos económicos.

La representación parlamentaria actual impide hacer responsable a ‘nuestros representantes’ de aquellas cosas para las que no fueran elegidos, por eso, toda agrupación de personas que deba recurrir a la representación no debe dar carta blanca a sus representantes y hacer valer sus acuerdos pudiendo rectificarlos en nuevas discusiones e impidiendo activamente que se usurpen sus decisiones.

Es fácil constatar a día de hoy que, ‘cuando la democracia representativa entra en crisis debido a un general deterioro de los valores que supuestamente la fundamentan, la mayoría abjura del sistema y reniega de los partidos pero, sin embargo, se muestra incapaz de asumir el poder que le corresponde y de autogestionar la cosa pública.’ Esto se debe a que los espacios de los que estamos hablando, son hoy inexistentes, pero no por ello imposibles de crear. Debemos ser capaces de habilitar espacios donde se fomente el diálogo y la horizontalidad a la hora tanto de la transmisión de conocimientos o informaciones como de la toma de decisiones. La diferencia entre participar y decidir y votar una vez cada cuatro años, creemos que es evidente.

Una cosa está clara: el voto nos ha hecho cómplices de la tiranía que nos oprime. Nunca la servidumbre ha llegado a ser masivamente voluntaria como lo es en la actualidad. Pese a ello, plantear una alternativa contraria a lo imperante puede ser (y será) calificada de utópica e impracticable  pero, a la vista de los resultados, aún resulta más utópico pensar que el voto vaya a cambiar algo.

Nadie ha dicho que sea sencillo. Los individuos se han dotado de unas instituciones y, por lo tanto, corresponde al individuo integrado en la sociedad el modificarlas, cambiarlas por otras o destruirlas. La Irresponsabilidad es NUESTRA. Queda todo por hacer.

Paz a los pueblos, guerra a las instituciones.

Alcorcón, primavera 2011.

Extraído del fanzine 'Votar es abdicar'.

Si quieres descargarte el fanzine, pincha aquí

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Textos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s