Introducción a la teoría de la desescolarización

A partir de la década de 1960 surgen con fuerza en el seno de las ciencias de la educación corrientes críticas con la escuela que van a señalar su complicidad con los intereses y valores de la sociedad capitalista, y su función de adiestramiento y reproducción cultural de las relaciones desiguales en la sociedad. Desde planteamientos marxistas, surge la teoría de la reproducción, dentro de la cual algunos autores se posicionan pidiendo la eliminación de la institución escolar.

Desde algunas posturas anarquistas también se ha pedido la muerte de la escuela o desescolarización. En esta línea encontramos autores como Paul Goodman, Everett Reimer, Iván Illich, los daneses Andersen, Hansen y Jansen (autores del Libro rojo de la escuela), Fachinelli, Murat, etc.

Los planteamientos fundamentales de esta teoría los describe el pedagogo Iván Illich en su obra La sociedad desescolarizada. El escritor parte de la crítica de las instituciones por que, bajo la apariencia de cubrir necesidades básicas, están dando el paso real de la asistencia a la dependencia, y por tanto, a la custodia y el control. La escuela acaba separando a las personas de su propia capacidad de aprendizaje para que finalmente dependan de la autoridad de las instituciones y de los expertos, de la tecnocracia. Las instituciones, que fueron creadas para estar al servicio de la humanidad, acaban siendo medios que escapan a su control, poniendo al ser humano a su servicio. Esto es lo que llama Illich la contraproductividad específica de las instituciones, a la que se ha llegado por efecto del modelo industrial de la sociedad actual. Los presupuestos nacionales de enseñanza van creciendo cada vez más, sin embargo cada vez son menos las capas sociales que se benefician de esta inversión; es decir, los privilegiados van a la escuela durante más tiempo y consumen más dinero, puesto que los últimos escalones educativos (universidad) son los más costosos. Al final se acaban perpetuando las situaciones de injusticia social y económica gracias a las escuelas.

La escuela transmite un currículo oculto o programa latente en que se enseña que el único lugar donde aprender cosas importantes es en la escuela, se induce a considerar la educación como producto de consumo, y se muestra que se llegará a ser alguien en la medida en que se tenga un diploma que certifique los aprendizajes consumidos en una historia personal de formación académica.

Por tanto, los teóricos de la desescolarización proponen invertir las instituciones, poniendo al servicio de la gente la tecnología y los recursos. Así, la escuela debe ser reemplazada por unidades descentralizadas que estimulen la convivialidad (la convivencia y la jovialidad), que no tengan un carácter obligatorio y que posean sobre todo una utilidad pública, que en este caso se caracterice por garantizar la información y los aprendizajes útiles para la vida. Se trataría de lonjas de habilidades o “servicios de intercambio de conocimientos, de depósitos descentralizados de recursos, de un servicio de educadores profesionales y de búsqueda de compañero que facilite el encuentro entre iguales”24. Por ejemplo, podría darse un centro de información, una especie de biblioteca, en el que se pudiese acceder a libros, equipos informáticos, etc. y recabar información sobre visitas a centros industriales, acceso a actividades comunitarias, ofertas de aprendizajes de oficios, etc. Así, se produciría una desescolarización del aprendizaje formal y se revalorizaría la educación informal y la capacidad autodidáctica de los educandos. La manera de igualar las oportunidades educativas sería mediante cuentas educativas personales repartidas equitativamente, de manera que cada uno pueda emplearla en el servicio educativo que más le interese.

Para Illich y Reimer esta propuesta de desescolarización no cambiará por sí sola las estructuras sociales, debe ir acompañada de una situación de cambios sociales profundos. Pero sí recomiendan no minusvalorar la educación, teniendo en cuenta que ésta no debe confundirse con la escolarización, y que una alternativa como la que ellos proponen atacaría al eslabón más sensible del sistema.

Otro autor de la teoría de la desescolarización, Paul Goodman, aún hablando de la muerte de la escuela, la complementa más marcadamente con el aspecto comunitario y no se muestra tan radical como Illich en cuanto a la desescolarización, proponiendo conservar la escuela para algunos niveles de edad y circunstancias. Algunos autores califican la teoría de la educación de Goodman de “historicista”, diferenciándola de las teorías tecnicistas o eficientistas de Illich, Reimer y Mac Luhan, más interesadas en denunciar la escuela por el derroche económico y su ineficiencia que por el daño producido a la infancia y la reproducción del individualismo capitalista.

Para Goodman es necesaria de algún modo la comunidad educativa vivencial (la convivencia tradicional entre discípulos y maestros). Por ello propone una solución mixta, así desaparecería al menos en parte, el peligro de institucionalización estatal de la educación y la asunción de la misma por una sociedad civil que no estaría atomizada, sino que, organizándose, cambiaría al mismo tiempo escuela y sociedad. Goodman era más partidario que Iván Illich de las escuelas alternativas o paralelas. Para los más pequeños propone descentralizar la escuela en pequeñas unidades o casas – club, sin que la asistencia a clase sea obligatoria, conectando el colegio con granjas económicamente deficitarias donde los niños pudiesen acudir un par de meses al año. La enseñanza técnica sería asumida por las empresas, para que mediante una formación directa los futuros trabajadores fuesen aprendiendo la autogestión. Finalmente, la universidad también tendería a descentralizarse en una red de grupos autónomos de estudios, al modo en que se desarrolló la actividad estudiantil durante el período revolucionario vinculado al Mayo del 68. De este modo, la auténtica educación, es decir, el autodidactismo o aprendizaje autónomo, podría darse en una nueva sociedad, que él la situaba en el plano de la utopía como la ciudad educativa, un proyecto comunitario donde todos los sectores y adultos de la ciudad cumplirían una función educativa: se trata de que sea la ciudad la que eduque, y no la escuela.

Extraído de 'Anarquismo y educación. La propuesta sociopolítica de la pedagogía libertaria' de Francisco José Cuevas Noa.
Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid 2003.

En la página de textos se puede leer más sobre la desescolarización con el texto 'La sociedad desescolarizada' de Ivan Illich

 

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